Por senderos andinos

Pavana para una Pachamama

Durante la década de 1970 tuve el placer de vivir varios años en el Perú, primero en el Cuzco, luego en un pequeño pueblo en el Valle Sagrado de los Incas, y más tarde en un antiguo molino centenario ubicado en un frondoso cañón. El Perú en ese momento experimentaba cambios fundamentales, resultado del golpe de Estado de 1968 por el general Velasco Alvarado. Este fue sobre todo el caso en la campiña andina, donde tras de siglos de vivir bajo una economía cuasifeudal, la población indígena vio cómo la Reforma Agraria impulsada por el general y su Junta transformaba rápidamente las comunidades rurales en cooperativas socialistas. Muchas de las viejas costumbres se vieron reemplazadas por un nuevo orden basado en una modernización que marcó, entre otras cosas, el comienzo de la apertura de vastas áreas al turismo de masas y vio la eliminación del caballo como principal medio de transporte.

Vivir en el campo me permitió tener caballos, y el relato que sigue describe algunos de los viajes que hice a caballo por esas tierras, a veces solo, otras en compañía de un amigo. Son crónicas de dos viajes a Paucartambo—con sus inesperadas y poco afortunadas consecuencias—y una singladura de quinientos kilómetros hacia el mítico Vilcabamba, el último reducto de los Incas, escondido durante siglos detrás de picos inaccesibles. Anécdotas y notas de viaje, anotadas en viejos cuadernos a la luz de una fogata y recuperadas décadas después.

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